Al venir al mundo, seis decenios detrás, el resonante y único vespertino de República Dominicana en este momento, echó a caminar bajo el liderazgo de los pilares del periodismo franquista Rafael Molina Morillo y Freddy Gatón Arce. Recién había pasado la guerrilla civil del 1965 mas no la incapacidad de grupos radicales de aceptar la publicación de informaciones fieles a los hechos y de denuncias de los atropellos y crímenes del edicto que se levantó en armas para desmenuzar la constitucionalidad establecida en el 1963 y continuaba con acciones de crimen a través de grupos incontrolables. Nacía un medio dispuesto a servir a la nación con objetividad, valentía e independencia, sin importar el precio a respaldar y sin condicionarse ni amedrentarse porque un año antiguamente las instalaciones que compartía con la revista Ahora, de una historia popular, recibiera una entusiasmo terrorista que costó la vida a dos de sus empleados. Incólume, adaptado a las exigencias de este tiempo, El Doméstico merece una cálida telegrama de este diario, su compañero de ideales. Nuestros abrazos para don Bolívar Díaz Gómez, su director, y al conjunto de hombres y mujeres que persisten con éxito en en ser «la voz de todos».
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Hechos atribuidos a PN que deben salir a la luz
Como supuestamente en este país no ocurren atentados al estado de derecho que el Gobierno juramento respetar, sorprende y escandaliza la traducción de que las patrullas policiales que dieron asesinato a cinco supuestos delincuentes en una plaza de Santiago, barrieron luego con incautación ipso facto las cámaras de vídeos del empleo que con toda seguridad certificarían con la impresión de imágenes si la multitudinaria entusiasmo mortal fue efectivamente el resultado de un intercambio de disparos entre perseguidores y perseguidos y no una ejecución extrajudicial, acto que con frecuencia se atribuye a agentes escapados de control. Demandar equidad, deplorablemente, parece cada vez más ilusorio en presencia de dos poderes (Ejecutante y Legislativo) que escuchan las versiones sobre excesos letales de los policías como quien oye harinear.






