En 1934, dos mujeres jóvenes de Gurabo fueron engañadas por hombres que, viajando desde Santo Domingo, las sedujeron y les montaron un desposorio infiel con un amigo que se hizo tener lugar por oficial civil. Para ese entonces, escribía Petronila Angélica Gómez Resina“la prensa vernácula se apostó en la comunidad con brevedad, como suele hacer con los sucesos alarmantes: sin tiempo para comentar los pormenores del concepto de los hechos, culpando a las pobres doncellas”.
A través del editorial “Un escándalo matrimonial”, desde las páginas de Fémina se denunció el tratamiento desigual de la conciencia frente a la violación, enredo y descrédito que era praxis machista global en la época. Pues, en grupos de dos a cuatro, algunos hombres ya casados se trasladaban a los pueblos lejanos de los cascos urbanos de la República Dominicana. ¿Qué pasaba? Las mujeres sufrían de descrédito social, “perdían la honra”; los hombres, no… Podían seguir engañando.
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Aquellas violaciones a la dignidad de las mujeres eran incluso usuales en otros países de Iberoamérica; de hecho, cuando en 1906, la periodista y maestra regular Carmen de Burgos publica la “Cruzada de mujeres españolas”, incluye en el pliego de derechos civiles y políticos “la protección de la mujer frente a matrimonios no efectuados y la reparación de la honra”.
La editora de la revista feminista, pues, había conocedor y sido partícipe de estas reivindicaciones, por lo que en su editorial enfatiza: “Ahora perfectamente, siendo la primordial finalidad a que se encamina la causa del feminismo, la defensa y protección a la mujer en todos los casos en que suceda la relación con respecto al hombre la coloque en carácter de conflicto, a veces irremediable, no consideraríamos cumplido nuestro deber de feminista convencidas si dejásemos tener lugar inapercibido este escandaloso hecho”.
Aquellas palabras costaron a la revista, que recibió “cartas incómodas” de sus lectoras y lectores, por lo que se colocó el caso en manos de la pionera del derecho del país, Ana Teresa Paradas de Ravelo.
Un año posteriormente, Paradas de Ravelopublicó Matrimonios inexistentes, donde analizó la sentencia impuesta a los responsables: tres meses de prisión correccional y el plazo de 90 pesos, es proponer, cada uno 30 pesos. Y, ya lo había ducho Petronila Angélica Gómez Resina en el editorial que le costó críticas: “I la Honradez da el decisión (sic). ¿Cuál? Prisión, multa para las personas delincuentes. ¿Pero, bastaría esa consentimiento de la Honradez para reparar el daño al honor de las doncellas engañadas?”.
Hoy, en República Dominicana, los casos de violencia sexual se multiplican y agravan. Las víctimas siguen enfrentando un sistema que duda de sus testimonios, que las revictimiza, que las expone en medios sin cuidado ético; con usuarios que comparten a borbotones las barbaries contra ellas en sus celulares. Y cuando llega la sentencia —si llega— suele ser tan leve como aquella de 1935.
Urge que las periodistas, abogadas, educadoras y ciudadanas levanten la voz como lo hicieron Petronila y Ana Teresa. Porque cada sentencia liviana es un mensaje: que la dignidad de las mujeres vale poco.
Pero sí importa. Porque las doncellas de Gurabo no fueron solo víctimas de un enredo matrimonial. Fueron víctimas de un sistema que aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue fallando a las mujeres.






