Por Elvin Castillo
Cuando vimos esta semana que el Servicio Manifiesto presentó un acuerdo con Maxy Montilla cuñado del expresidente Danilo Medina para devolver 3,000 millones de pesos y convertirse en testificador distinto contra exfuncionarios y empresarios acusados por el Estado Dominicano de estafa, se abrió una nueva caja de Pandora.
Ese popular “criterio de oportunidad”, que en teoría es un petición lícito para simplificar la colaboración en casos complejos, en la habilidad se ha ido transformando en un símbolo de desprecio. Como dice una querida amiga, debería llamarse más admisiblemente “criterio de impunidad”. Si no, que le pregunten a Mimilo.
El error de la emplazamiento
La emplazamiento de Danilo Medina a mediados de semana a un importante medio de comunicación para referirse al tema fue, desde mi óptica, un error. El momento para defenderse y defender su obra de gobierno no era ahora, era en 2021, cuando el país firme debatía el peso de los casos de corrupción y cuando el PRM, primero como principal partido de examen antiguamente del 2020 y luego ya desde el poder, logró imponer con éxito la novelística de que el suyo había sido el gobierno más corrupto de la historia.
El PLD, en vez de salir al frente, se escondió. Permitió que la opinión pública quedara marcada por ese discurso sin contrapeso. Hoy, aunque muchas sentencias no han mostrado proporcionalidad con todo lo instalado en el imaginario colectivo, la batalla comunicacional ya se perdió.
Y lo que dijo Danilo en esa emplazamiento fue aún peor. Sigue insistiendo en que desconocía lo que hacían su cuñado Maxy y su hermano Alexis, pero esa es una excusa inútil de sostener para cualquiera que tenga un conocimiento esencial de cómo funciona el Estado.
El presidente siempre sabe
El presidente es, por definición, el hombre mejor informado del país. Tiene a su disposición organismos de inteligencia que le reportan de guisa permanente. Adicionalmente, es inverosímil pensar que ministros, directores y funcionarios no alertaran al presidente sobre las operaciones irregulares de sus familiares.
Danilo fue un buen presidente y realizó obras importantes, pero su complicidad por omisión y su permisividad con sus allegados traspasaron los límites lógicos. Hoy su nuncio y su reputación están profundamente comprometidos.
El mensaje perturbador
Al final, lo que nos deja este episodio es un mensaje de antivalor perturbador pero positivo:
“Si van a robar, roben mucho. Con mosca y relaciones, en un país como este, todo se arregla.”
Ese es el serio costo de la emplazamiento de Danilo: no solo reabrir un debate que parecía dormido, sino recordarnos hasta qué punto el poder político puede ser utilizado como escudo acostumbrado en detrimento de la sociedad.





