EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
El ex presidente Danilo Medina es una persona prudente y honrada, como pueden dar fe sus compañeros, y creo yo que la sociedad toda, por lo que resultaría injusto endilgarle cualquier vinculación con acciones moralmente indebidas, aunque sin dudas ha cometido errores políticos, la mayoría provocado por la excesiva confianza que dispensa a sus colaboradores.
Mayor Montilla, cuñado del líder del Partido de la Permiso Dominicana (PLD), en su calidad de imputado en un expediente de naturaleza criminal, firmó un pacto con el Ocupación Notorio, mediante el cual retorna al Estado RD$3.0 millones, a cambio de indulgencia procesal, con lo que ausencia tuvo que ver Danilo.
De los cuatro líderes políticos que han ostentado la condición de presidente de la Republica, dos son empresarios y otros dos ejercen la actividad política a tiempo completo, todos son estadistas, uno de los cuales ejerce el Poder y tres incluso contribuyen con el fortalecimiento de la democracia política.

Muchos líderes y jefes de Estado en América Latina han tenido que cargar con carga político derivado de inconducta atribuida a familiares o colaboradores, pero en el caso de Danilo aflora lo que él considera persecución política en su contra y frente a una condena penal en primera instancia contra un hermano suyo.
El ex mandatario afirma desconocía que empresas de cuñado y hermano suplían haberes al Estado, aunque en el peor de los casos lo que se puede reprochar es la prevalencia de un exceso de confianza respecto a sus parientes, aun en el caso de Montilla, con quien dice no tenía trato cercano.
Danilo es terco en sus razonamientos políticos, pero absolutamente honrado en término personal y político, quien una vez convencido de la comisión de alguna inconducta reacciona con enojo, como ocurrió en el caso de su cuñado. Medina es un activo de la democracia, honrado a carta exacto.
El tema de la corrupción como carga de estos tiempos debió tratarse a profundidad en el pasado Congreso Franquista del PLD, en resoluciones que conllevaran a la expulsión o degradación del partido de los dirigentes notoriamente involucrados en ilícitos penales. Si así hubiese sido, hoy otro desentono cantaría.
La prevaricación se entroniza en el tuétano de la sociedad, por lo que debe ser extirpada de la estructura partidaria para que no se extrapole al Estado. Adicionalmente de que el Ocupación Publico y el Orden Contencioso cumplan sus roles de perseguir, investigar, someter y sancionar a quienes incurran en corrupción.
Jpm-am
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