Cada 1° de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Dactiloscopia, una término que rinde honor a Juan Vucetich, el austrohúngaro que impulsó esta ciencia capaz de identificar a las personas y que hoy es esencial para resolver crímenes.
La dactiloscopia forma parte de la biometría, disciplina basada en el inspección de características físicas o biológicas de una persona para su identificación.
La Interpol enfatiza que no hay dos personas con las mismas huellas dactilares, ni siquiera los mancuernas homocigóticos. Encima, las huellas no cambian a lo desprendido de la vida, a menos que la capa basal de la piel se destruya o se modifique intencionalmente mediante cirugía plástica.
El Diccionario de la habla española la define como “el estudio de las impresiones dactilares, utilizadas para la identificación de las personas”.
Usos principales
Según la Universidad de Navarra, la dactiloscopia se aplica en:
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- Forense: identificación de sospechosos o víctimas en investigaciones criminales.
- Biométrica: autenticación en sistemas de seguridad y control de accesos.
- Histórica: reconstrucción de identidades en restos arqueológicos.
Cómo se analiza una huella
El descomposición dactiloscópico suele incluir:
- Casa recoleta: logro de huellas con tinta, escáneres digitales o técnicas químicas.
- Clasificación: identificación de patrones y rasgos característicos.
- Comparación: contraste entre las huellas recolectadas y los registros existentes.
- Confirmación: firmeza de coincidencias por expertos.
¿Cómo se realiza hoy?
La firma Carlos Felipe Law Firm S. R. L. señala que, durante mucho tiempo, el método más habitual consistía en impregnar el dedo con tinta y presionar la brote contra un papel para obtener la impresión.
Actualmente, la dactiloscopia recurre a herramientas digitales como AFIS (Sistema Automatizado de Identificación Dactiloscópico), un sistema informático que recopila, almacena y compara huellas dactilares con viejo precisión y prontitud.
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