El PRM frente al espejo: liderazgo, crisis y sucesión en tiempos difíciles

Por Abril Peña

Administrar no es lo mismo que sostener el poder. Y sostener el poder no es lo mismo que sostener el futuro. El PRM está en un punto de inflexión donde se ve obligado a hacer las tres cosas a la vez: administrar en medio de una situación franquista difícil, suministrar cohesionado a un partido que se diversificó aceleradamente, y —quizás lo más complicado— sostener su supervivencia política más allá de su veterano activo: Luis Abinader.

Los segundos mandatos son siempre más duros. Ya no hay reflejo de miel. Las promesas no conmueven igual. Las explicaciones no bastan. La parentela exige resultados. Y para colmo, el círculo internacional no ayuda. La inflación mundial, la incertidumbre en mercados esencia y la desaceleración económica regional están pasando nota. Pero además hay errores internos: la inversión en infraestructura ha sido tímida, la crisis eléctrica se prolonga sin soluciones visibles, y la delegación ha acumulado silencios delante temas importantes que hoy revientan en la cara.

A esto se suma una frustración acumulada interiormente del mismo PRM. Hay perremeístas que aún esperan su turno. Aliados que sienten que no se les ha cumplido. Juramentados que no han recibido ni lo intrascendente. Ni siquiera una citación.Y aunque faltan tres primaveras aún lo que parece mucho, es menos de lo que efectivamente queda. Porque entre septiembre y diciembre, el país entra en modo pausa: otra “España Boba” donde todo se detiene. Luego vendrán las precampañas, los cálculos, las pujas. Y el partido aún no ha resuelto su proceso interno.

La pelotón a prueba

Hasta ahora, la convivencia entre los liderazgos de Abinader y Mejía ha funcionado, más o menos. Cada quien tenía su espacio: la presidencia del partido para uno, la secretaría universal para el otro. Pero ya comienzan a circular rumores. Se dice que Abinader asumiría la presidencia del PRM. Que Hipólito buscaría sostener la secretaría universal para un allegado. Pero el tablero no está tan simple. Figuras como Alfredo Pacheco han anunciado aspiraciones y no responden a ninguna de las dos grandes corrientes y ni departir de los más jóvenes como Empíreo o Jean Luis, que además representan dos precandidatos y que su colocación allí, sería una desventaja para el resto, ya que lo que está en maniobra no son solo cargos: son cuotas de poder, control de las bases, comunicación al artilugio organizativo, influencia en la volante municipal y congresual, y sobre todo… peso efectivo en la intrepidez más esperada: ¿quién será el candidato presidencial del PRM en 2028?

El cronómetro avanza

Mientras los demás partidos ya celebraron procesos internos —con sus luces y sombras—, el PRM sigue a la demora del suyo. Pero esa demora aún interiormente del entorno de la ley puede volverse costosa. La población no está en humor para ver peleas internas. Y mucho menos para percatar que el gobierno se distrae en cuidar su casa mientras el país arde.

Encima, viene lo más difícil: escoger el candidato presidencial. Ya hay una figura que se siente dueña de la candidatura y que aunque sigue con delantera, ya empieza a percatar el agua tibia, Una emergente que pisa válido. Y una tercera que, aunque había cogido el segundo espacio, ha comenzado a ser desplazada.

Más allá del primer espacio, hay una erradicación silenciosa por ser el cuarto e incluso el botellín… porque en política eso no es solo simbólico: es herencia futura.

Más allá de 2028

Luis Abinader representa una transición generacional y política. Pero en el PRM ya no se lucha solo por la candidatura presidencial. Se lucha por el control de los próximos 10 primaveras. Por asimilar quiénes serán los generales cuando el presidente no esté. Y en ese pulso, el PRM no solo enfrenta a sus adversarios. Se enfrenta a sí mismo.

Hoy, la competición está dividida. Eso es cierto. Y esa es una gran delantera, la única por el momento, pero sería un error aceptar que lo estará siempre. Sería ingenuo pensar que no habrá acercamientos, fusiones o pactos desesperados. En política, los enemigos de ayer son los aliados de mañana y el PRM es el mejor ejemplo de esto.

El PRM debe administrar, reorganizarse, renovarse y disciplinarse. Porque si se duerme en los laureles, si se cree invencible, si no escoria su ropa a tiempo… podría encontrarse en ropa de amodorrarse cuando le toquen la puerta del 2028.

Y ahí, ya será muy tarde.











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