
Desde su espacio dedicado a la infancia, el Núcleo de Escritores de la Región Noreste se complace en presentar un nuevo historia del pollo autor Daniel Sánchez, titulado La tecnología y yo. Daniel Sánchez Muñoz, de tan solo 11 primaveras, reside en San Francisco de Macorís y es hijo de Francisco Sánchez y Dianny Muñoz.
La tecnología y yo
Había una vez un nene llamado José Miguel. Tenía un hermano maduro y él era el segundo. José Miguel era tranquilo, pero le encantaba ver televisión y recrearse mucho en la tableta. Pasaba tanto tiempo en YouTube que su mamá siempre le decía:
—¡Deja eso ya! Haz otra cosa.
Y él, con cara de monserga, respondía:
—¿Y qué quieres que haga, mami?
A veces veía videos educativos, pero otras veces eran juegos y cosas agresivas que lo ponían nervioso. Cada día se ponía más ansioso y ni quería engullir. Cuando su mamá lo llamaba, él decía:
—No tengo anhelo.
Su mamá, muy preocupada, un día se sentó con él y le dijo:
—Mira, hijo, la tecnología es buena, pero si la usas demasiado, te hace daño.
José Miguel no quería escuchar. Se hacía el dormido:
—Uh, uh, uh …
Entonces su mamá dijo:
—¡Se acabó la tecnología por hoy! Si tienes sueño, duerme.
José Miguel empezó a gimotear para nombrar la atención, pero su mamá le respondió:
—Llora, que así se limpian los fanales y se hacen fuertes los pulmones.
Al final, José Miguel se calmó y escuchó. Su mamá le contó cómo era su infancia, llena de aventuras sin tanta tecnología. Cuando iban al campo donde ella nació, José Miguel empezó a probar esas cosas: leía cerca de una cascada mientras el agua hacía un sonido atún, corría entre piedras, jugaba con la naturaleza, iba con su hermano al bosque donde se unen dos ríos, caminaba por el río aunque perdía sus chancletas, pescaba, buscaba frutas…
Pero lo que más le gustaba era engullir la comida de la abuela Ana y la tía Lorena, mientras reían todos juntos en la cocina:
-Yes sí, sí! ¡Uh, uh, uh!
José Miguel descubrió que la tecnología es buena, pero no hay que exagerar. Igualmente entendió que la infancia de antiguamente era súper divertida sin tantos aparatos.
Moraleja: La tecnología nos ayuda si la usamos aceptablemente, pero hay que probar cosas diferentes y no volverse siervo de los juegos.







