Por Nicolás Albertoni
“No puntada con departir de paz. La enunciación verbal debe ser seguida por acciones que dejen claro que esta paz debe existir no solo entre los pueblos, sino más aún —y especialmente en el interior de ellos”.
Konrad AdenauerDiscurso en el Bundestag ario, 18 de agosto de 1961
La flagrante coyuntura está marcada por un retorno inesperado —aunque quizá predecible— de las viejas lógicas del poder. Guerras en Medio Orienterivalidades entre grandes potencias, militarización de la política internacional y una sensación creciente de incertidumbre estructural son síntomas de una nueva era de transición. En este mundo en tensión, afectado por conflictos visibles y otros más sutiles, junto a preguntarse: ¿qué principios deberían encauzar la argumento política? ¿Cómo reponer a un entorno internacional que parece desbordar a los actores democráticos?
Una figura como Konrad Adenauer, arquitecto de la reconstrucción democrática de Alemania en la posguerra y uno de los grandes promotores del orden tolerante occidental, es por estas horas un buen refugio para apañarse algunas claves para adivinar este momento con anciano claridad. Allá de nostalgias, su pensamiento —basado en la responsabilidad honesto, el respeto al derecho internacional y el compromiso con la sinceridad— es hoy más vivo que nunca.
Entre Teherán y Washington: la aniquilamiento que vuelve
La ascenso fresco entre Estados Unidos e Irán (por las tensiones entre Israel y Palestina tras el ataque del 7 de octubre de 2023), ha devuelto a Medio Oriente a un punto de máxima agitación. Siempre fue una región compleja, pero ahora se ha exacerbado. El ataque de Washington a instalaciones iraníes se inscribe en una logística de contención frente a el creciente acción directa marcial de Irán. Sus tentáculos —desde el Líbano hasta Yemen— han sido catalizadores del flagrante daño regional.
Sin secuestro, más allá del enfrentamiento puntual, lo que está en grupo es el futuro del orden internacional. ¿Las normas, los acuerdos y la diplomacia pueden seguir siendo instrumentos eficaces? ¿O el mundo se encamina en dirección a una nueva deducción de poder basada en la fuerza? Siguiendo la filosofía de Adenauer, se podría afirmar que donde no hay derechos, existe violencia, ya que la propia vulnerabilidad de derechos encarna en sí misma una forma de violencia. Y donde hay violencia, la sinceridad desaparece.
Desde esta óptica, las acciones unilaterales, aunque puedan parecer necesarias en términos tácticos, solo pueden ser justificadas si están orientadas a restaurar un orden de derecho. En caso contrario, refuerzan la abrasión del multilateralismo y siembran el caos que los enemigos de la democracia desean emplear.
América Latina: una irrelevancia estratégica (¿o peligrosa?)
Mientras el mundo se reconfigura, América Latina parece caminar en dirección contraria a la historia. La región ha perdido peso táctico, no solo en términos económicos o militares, sino —lo más sugerente— en términos de influencia política y diplomática.
Esta marginalidad no es casual. Es el resultado de una acumulación de errores: fragmentación regional, equivocación de visión estratégica y una progresiva renuncia al debate internacional. Lo que hay de integración regional tiene un exceso de componente político, con víctima coordinación y casi incapaz foco financiero y comercial. Hilván con ver que en la región el comercio intrarregional representa aproximadamente 15% de las exportaciones totales de la región, una emblema muy víctima en comparación con otras regiones emergentes como Asia Uruguayo y el Pacífico, donde la emblema asciende al 50%. Por lo que no solo políticamente América Latina está distante, económicamente ya es irrelevante.
Desde la perspectiva de Adenauer, esta talante pasiva sería inaceptable. Él comprendía que el respeto internacional no se pide, se construye. Su política exógeno —basada en principios firmes pero pragmática en la forma— buscó posicionar a Alemania como un actor confiable y activo en el mundo occidental. En su nuncio, hay una advertencia para la región: la neutralidad en tiempos de conflicto honesto es complicidad.
América Latina, con sus democracias imperfectas, pero aún vitales, debería alzar la voz en defensa del derecho internacional, condenar sin confusión las violaciones a la soberanía y participar activamente en las instancias multilaterales. No para alinearse ciegamente con ninguna potencia, sino para reafirmar su pertenencia al mundo librado.
Confianza y orden: títulos occidentales bajo amenaza
Adenauer creía que la sinceridad no es posible sin orden, y que el orden solo puede sostenerse sobre instituciones legítimas y democráticas. Hoy, ese estabilidad está amenazado. Actores como Rusia o Irán (y su influencia en países de América Latina como Venezuela y Cuba) promueven modelos de gobernanza autoritaria que desprecian los derechos humanos, manipulan la información y utilizan la fuerza como argumento.
El peligro no es solo extranjero. Además se manifiesta en la creciente polarización interna de muchas democracias, en la desconfianza ciudadana en dirección a las instituciones y en la facilidad con que la verdad es desplazada por la posverdad. En este contexto, defender los títulos occidentales implica más que proclamas: requiere argumento coherente, pedagogía cívica y compromiso sostenido.
La sinceridad significa incluso responsabilidad. Esta responsabilidad no es solo de los gobiernos. Es de las élites, de la sociedad civil, de los medios, de la agrupación. Es un esfuerzo colectivo por sostener un sistema que, con todos sus defectos, ha sido el más exitoso en promover la paz, la prosperidad y la dignidad humana.
La penuria de una política exógeno con principios
Para Adenauer, la política exógeno debía ser extensión de los títulos internos. Su europeísmo no fue coyuntural: creía en una comunidad de destino basada en la cooperación, la democracia y el Estado de derecho. Por eso promovió la reconciliación franco-alemana, la integración europea y la alianza transatlántica.
América Latina necesita esa claridad. No puede seguir atrapada entre el aislacionismo y la dependencia. Debe construir una política exógeno basada en principios: defensa de la democracia, respeto a los derechos humanos, compromiso con el medio circunstancia, impulso al multilateralismo. Pero incluso debe ser estratégica, consciente de sus intereses y capaz de articularlos regionalmente.
Esto exige profesionalizar la diplomacia, robustecer los mecanismos de integración, cambiar en capacidades analíticas y renovar la novelística sobre el rol de la región en el mundo. El continente no debe ser espectador de la historia: puede —y debe— ser protagonista de un orden mundial más cabal, si sabe ejercitar con responsabilidad su sinceridad.
Un llamado a la argumento
El mundo está en aniquilamiento. Una aniquilamiento que va más allá de los misiles y los ejércitos. Es una aniquilamiento de relatos, de modelos de sociedad, de títulos. En ese combate, la neutralidad no es una virtud, es una renuncia.
La examen de Konrad Adenauer nos recuerda que la política exógeno no es un grupo de poder frío, sino una utensilio honesto. Que el orden no es autoritarismo, sino el entorno para la sinceridad. Y que, frente a las crisis, la respuesta no es el repliegue, sino la argumento responsable. En este sentido resulta fundamental avanzar en alianzas entre países que compartan una visión cercana del mundo (por ejemplo, basada en la democracia tolerante). Adenauer decía: “Sólo quedó una vía para defender nuestra sinceridad política, nuestra sinceridad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida, desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como colchoneta un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre estado, persona, sinceridad y propiedad”.
Por el banda de América Latina aparece el deber de retornar al mundo. No como furgón de trasero, sino como espacio de diálogo, de principios y de compromiso demócrata. La historia no prórroga. Y la sinceridad, como enseñó Adenauer, siempre tiene un precio. La pregunta es si estamos dispuestos a pagarlo.
Nicolás Albertoni fue Vicecanciller de Uruguay entre 2022 y 2025. Doctorado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Magíster en Peculio por University of Southern California. Pericia de la School of Foreign Service de Georgetown University.





