El autor es periodista. Reside en Santo Domingo
En su momento, el hombre afable y político pragmático que caracterizaba al universitario Jacobo Majluta, que sustentaba aplicar la “teoría de la eficiencia” desde el Estado, llegó a suscitar que aquí no había que teorizar ni inventar mucho, porque ya todo estaba estudiado y que el problema era que el resultado de cada indagación generalmente terminaba en una cajoncito.
Hace poco vimos las sugerencias de ciudadanos y el empeño de legisladores porque el sabido y finalmente admitido Código Penal incluyera, como ocurrió, la acumulación y el endurecimiento de las penas para los culpables de diversos delitos o hechos graves.
Pero el papel aguanta todo y, en la maña, la norma dicta una cosa mientras la existencia dice otra. ¿Para qué penas más duras o primaveras como longaniza a culpables, si con lo que había e imponía en los tribunales en innúmeras ocasiones no se cumplía?
Peor aún, si como parte esa método, cuando a muchos de los que por evidencias y pruebas reales el profesión manifiesto y el colectivo social esperan que los jueces le apliquen penas severas o ejemplarizadoras, estos, por las razones que fueren, se inclinan por imponer las más blandas o cuando no por el remesa puro y simple de gran parte de los amputados a sus casas.

Delante escándalos a la audiencia de muchos, un presidente en entrenamiento respondió a la prensa que le inquiría…. ¿Pero cuál corrupción? Y cuando al término de su gobierno hermanos, otros parientes y medio salita fueron apresados dijo que había una “persecución política”.
Grandes aparatajes detrás de figuras de renombre, casos complejos e inmanejables para los jueces correcto a los grandes cargamentos de expedientes presentados por fiscales y procuradores encargados de perseguir lo mal hecho. Una gran pausa y prolongada prórroga. Con trastorno del sueño, parecía encaminarse al principio del final.
La jueza titular acento de grandes hallazgos, de faltas a la institucionalidad y a la sociedad. Y otra de: “un desastre”, de “anomalías asombrosas” y de “un desorden” con el manejo del combustible en la Policía, pero que independientemente de eso, dificultaba probar estaba contra el Estado.
Se oye, pero no se entiende. Tras enchufe y esfuerzos, para muchos, la montaña paría un ratón. En eso, un coronel (a ser audición y protegido) dice a instancias altas que hay “tufo” en dos agencias oficiales de seguridad y el silencio y el ocultación es la respuesta. ¿Y entonces?
encar-medios @hotmail.com
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