
La República Dominicana atraviesa un momento complicado en su historia flamante. A pesar de los esfuerzos institucionales por prolongar la estabilidad, los signos de retroceso en áreas secreto como la educación, los programas sociales, el sistema eléctrico y la seguridad ciudadana son cada vez más evidentes. Este artículo sondeo reflexionar críticamente sobre estos desafíos y proponer algunas recomendaciones que podrían contribuir a una transformación positiva.
Educación y Programas Sociales: ¿Retroceso o negligencia?
Uno de los pilares del avance sostenible es la educación. Sin retención, en los últimos abriles se ha percibido un estancamiento —incluso retroceso— en la calidad educativa dominicana. La error de inversión estratégica, la precariedad en la formación docente y la escasa modernización curricular han débil el sistema. A esto se suma una disminución en la cobertura y efectividad de los programas sociales, que antiguamente servían como amortiguadores de la desigualdad. Por lo que entiendo que se debe reorientar el presupuesto franquista en torno a políticas educativas inclusivas y modernas. Acorazar los programas sociales con enfoque territorial y billete comunitaria.
Sistema Eléctrico: Un maniquí que se desmorona
El sistema eléctrico dominicano, históricamente frágil, parece estar colapsando bajo el peso de la ineficiencia y la error de planificación. Las interrupciones constantes, el parada costo de la energía y la dependencia de fuentes no renovables afectan tanto a la caudal como a la calidad de vida de los ciudadanos. Instinto esta situación y aunque debo aclarar que no soy economista planteo para revertir un poco esta situación y gestar un poco mas de estabilidad que el estado a través de del gobierno central y contraparte del sector privado deben Alterar en energías renovables y descentralizar la procreación eléctrica. Auditar y transparentar los contratos y concesiones del sector energético.
Seguridad y Narcotráfico: Una amenaza persistente
Aunque el Profesión de Interior y Policía ha implementado estrategias para combatir la violencia, la percepción ciudadana —y los datos— indican que la inseguridad sigue en aumento. La violencia urbana, los robos y los homicidios se entrelazan con el crecimiento del narcotráfico, que no solo corrompe instituciones, sino que incluso alimenta economías informales y redes delictivas. En este aspeto tengo la osadía de encomendar lo futuro: Rehacer profundamente los cuerpos policiales y judiciales. Implementar políticas de prevención del delito con enfoque en adolescencia y empleo. Acorazar la cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico.
En conclusión: pienso que la República Dominicana necesita más que discursos: requiere voluntad política, billete ciudadana y una visión de país que priorice el bienestar colectivo sobre los intereses particulares. El retroceso en áreas secreto no es irreversible, pero exige decisiones valientes y sostenidas. La crítica no es enemiga del progreso; es su aliada más honesta.
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