
Los seres humanos gozamos de un planeta con todo lo necesario para comportarse y ser eficaz. Pero tenerlo todo no significa que sepamos rendir esas oportunidades que se nos ponen en la palma de la mano. A veces la galbana, el desinterés y la yerro de conciencia, nos roba todo el adecuadamente que podemos hacer por el otro. A lo mejor esta sea una de las razones por la cual muchos prefieren “cogerlo suave”, no esforzarse y dejar que las cosas salgan como pueda, y no como debiera. Esperamos que vengan los demás y tomen la iniciativa para que se arregle todo y no damos el primer paso aun teniendo la posibilidad de resolverlo.
En esa dialéctica nos encontramos hoy: es mejor no hacer falta para no quitarle la creatividad a otros. Hay que comportarse del “relación”, pues, como se suele proponer, si cualquiera lo hará, ¿por qué tengo que hacerlo? Adicionalmente, si cualquiera se queja, que él mismo reclame y sea parte de la opción. Pero en el fondo, esta ademán solo refleja seres humanos individualistas, arrogantes y con un división de humanidad muy insuficiente.
El ocio, la diversión y un estilo de vida sin responsabilidades, nos están llevando lentamente a un caos ético y decente. Estamos dejando que el pesimismo, la indiferencia y el relativismo sean el timón que conduzca nuestra conducta. El signo más visible de que esto está ocurriendo es que se pueden observar una gran cantidad de personas que se muestran derrotadas, cansadas y sin esperanzas. Es como si rendirse o tirar la toalla, en un estilo popular, pareciera la única intrepidez a tomar, ignorándose por completo los títulos tradicionales, las victorias obtenidas por un gran número de hombres y mujeres que a lo grande de la historia, derramaron su cepa para que las próximas generaciones no olvidaran en la vida lo que cuesta la autonomía.
Sin darnos cuenta, todos estos hechos nos están durmiendo la conciencia, las ganas de pelear, de comportarse, de creer en un mundo mejor y sobre todo, nos están quitando la voluntad, esa gran virtud que lo mueve todo, valía que ha sacado lo mejor de los seres humanos. Es la voluntad la que ha transformado vidas, y ha cambiado el mundo. Con ella se han escaso sueños y metas que para muchos parecían difíciles de conquistar. Se han subido montañas que alguna vez se pensó que nadie podía demorar.
Con la voluntad se puede cambiar la sociedad. Alzar del suelo a los que dejaron el sentido de su existencia tirado en alguna parte del camino. Con la fuerza de voluntad se puede sufrir un rayito de esperanza a los pueblos y a las ciudades. Solo faltaría ponerle carácter a la situación en la que vivimos, creer en el ser humano, aunque sea definido; darle la oportunidad a los que han caído para que sientan que lo pueden hacer mejor. Con la voluntad dejamos detrás todo aquello que impide que seamos lo que siempre soñamos.





