La civilización dominicana predice un enseñanza emocionalmente pesimista: “le pelamos el plátano a cualquiera” “no le aguantamos pendejadas a nadie” “el que me sondeo me encuentra”. Cuando se sostienen sistemas de creencias distorsionados y limitantes, terminan configurando el comportamiento y igualmente los resultados de vida.
Existen personas de carácter “difícil” “psico rígidos”, calificados de mecha corta, impulsivos, es aseverar, personas que no tienen filtro, que no valoran peligro ni miden consecuencias y, mucho menos, educarse a gerenciar los límites.
Todos conocemos personas en una tribu, en un trabajo, en pareja o grupos de amigos que, viven rompiendo relaciones, generando conflictos, restando personas y optando por aislarse adecuado a su “mal carácter” su escaso inteligencia emocional y social.
Esas personas que se rompen así mismas, que dañan relaciones, quiebran amistad y no tienen habilidades y destrezas para su autocuidado y avenencia personal. Son los que terminan en relaciones conflictivas, dañando espacios y personas, todo por no ser tolerantes, prudentes, asertivos y practicar la civilización de los buenos tratos y de eso tratan los limites saludables. Los límites son fortuna psicoemocionales y conductuales que, ayudan al control emocional, al silencio curandero, a poner pausa para valorar los riesgos y calibrar las consecuencias ayer de confrontar una crisis, una adversidad, un conflicto, un de safío o una desavenencia. Existen cuatro tipos de límites: externos, físicos, psicológicos y de contención según Julian E. Taylor Shore. Cada uno tiene una función que ayuda al autocuidado personal, como los límites externos y físicos, donde uno se retira, toma distancia, se toma tiempo en hacerse cargo una intrepidez donde la corteza pre delantero, ayuda a discernir, discriminar, analizar y reflexionar de formar asertiva y en avenencia.
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Los límites psicológicos y de contención ayudan a retener silencio, tomarse su tiempo, controlar sus impulsos y emociones, gerenciar nuestras emociones para valorar riesgos y posibles daños que nos esperan y como debemos defendernos y automóvil cuidarnos. La función de los límites saludables es, ayudarnos a evitar el daño, reanimar y valorar nuestra confianza, la autocompasión, la autoestima, nuestra dignidad y nuestro respeto. Cuando aplicamos límites con personas tóxicas, perversas, maledicentes y dañadas espiritualmente, estamos desarrollando factores protectores, de resiliencia y de sentirnos seguro en cualquier entorno. Otra de las funciones de los límites son: ayudar a que las demás personas cambien su forma de comportarse frente a uno, adecuado a que saben cómo reaccionamos y demandamos respeto, para no ser sombras, ni el resultado de las otras personas. El enseñanza psicoemocional y conductual de los límites ayudan a dirigir nuestro cerebro, lo hace más flexible, lo conecta mejor, lo estimula y favorece la neuro plasticidad cerebral. Tenemos personas en cárceles, cementerios, con dificultades para conectar o fluir en la vida en diferentes espacios, producto de la marcha de poner límites. O sea, los límites son preventivos, nos cuidan, nos ayudan a no tomar decisiones riesgosas ni fuera de control. Las personas que utilizan límites saludables tienen mejor vigor mental, son resilientes y asertivas. Pero igualmente, se conocen mejor, saben de su valía, su mérito y de su importancia en cada espacio y en cada rol que deben hacerse cargo. En el comitiva psicoterapéutico con mis pacientes, enfoco mucho los límites, educarse de ellos y reforzarlo para tener una vida de decano logro, de paz, avenencia y delicia.





