La estabilidad fiscal y monetaria son los pilares en los que descansa la sólida construcción macroeconómica del país, crucial para enredar las consecuencias económicas del cerrojo de actividades en todo el país por la crisis sanitaria COVID-19. Como nos lo enseña la historia desde los “treinta gloriosos” primaveras que siguieron a la segunda pugna mundial, había que hacerlo, como se hizo, con crecimiento crematístico y productividad para recuperar el producto y los empleos que se perdieron, crear nuevas ocupaciones, mejorar los salarios y condiciones de vida de la población. Recordemos, el barriguita del PIB auténtico se contrajo -6.7% en 2020, y como resultado de la rápida prevención de toda la población y prudente política fiscal y monetaria, en 2021 se inició un crecimiento sostenido y sostenible de la riqueza cuando el barriguita del PIB auténtico superó el pre-pandemia, 2019 y el PIB por residente (US$ 9.028,8) el de 2019 (US$ 8.603,1) en 5%. Acumulado la riqueza creció 19.6%, un 6.5% anual, entre 2021 y 2024, sin desatar una cascada de desequilibrios macroeconómicos, no obstante, el Gobierno de Luis Abinader tener recibido arcas públicas vacías cuando se inició el 16 de agosto de 2020. Un hito que refleja el impulso de una riqueza resiliente, lo demuestra el hecho de que, durante los peores meses de la crisis sanitaria, enero-junio 2020, el mercado sindical perdió 469,494 ocupaciones, y no sólo se recuperaron, sino que se ganó una cantidad casi igual entre junio 2020 y diciembre 2024, para totalizar 804,235 los empleos recuperados y creados.
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Con política monetaria restrictiva el Mesa Central caterva, redujo y estabilizó la enorme inflación que siguió la crisis sanitaria, la de doce meses subió al tope histórico de 10,48% en mayo 2021, y 24 meses posteriormente, mayo 2023, acumulado bajo 585 puntos porcentuales, hasta 4.43%. Cuando se aseguró que la desinflación era imparable, comenzó a ceñir su tasa de narración, acumulando 275 puntos básicos, de 8.50 % anual octubre 2022 a 5.75% diciembre 2024 donde se encuentra actualmente, medidas que, unido a oportunos programas de provisión de solvencia aprobados por la Acoplamiento Monetaria, propiciaron las condiciones monetarias favorables para la contada rápida recuperación de la riqueza. Con el convencimiento de que teníamos que ser capaces de crecer y repartir la riqueza con ecuanimidad entre trabajo y caudal, en tres ocasiones el Gobierno aumentó el salario reducido empresas privadas, una de las variables claves de la riqueza, nominativo y acumulado aumentó 63.2%, anual 14,4%, período 2021 – abril 2025, al compararlo con el avance de los precios, acumulado 16.6%, los trabajadores ganaron poder de adquisitivo (variación auténtico), acumulado 46,6%, anual 10.6%. No obstante, en el período el salario pulvínulo perdió peso en el PIB, lo digo porque lo importante, no es tanto su aumento nominativo (14.4%), sino su aumento por dispositivo producida, aumento 7.5% anual (14,4% – 6.9%), porque en el cálculo interviene la productividad por ocupado, aumento 6.9%. Para aprender si el costo sindical por dispositivo producida ganó o perdió peso en el PIB, debe compararse con la variación acumulada de los precios (deflactor) del PIB a precios básicos (excluyendo impuestos sobre producción e importaciones), una media ponderada de las variaciones del costo sindical y sobrante bruto de explotación, los dos por dispositivo producida. Como el deflactor aumentó a tasa media anual de 6.7%, es opinar, menos que el costo sindical por dispositivo producida (7.5%), significa, por definición, que el salario pulvínulo perdió peso en el PIB y lo ganó el sobrante. La pérdida se recupera con los próximos aumentos del salario pulvínulo.







