El sonido de un chispa despertó a Christian cayó a las 3 de la mañana. Había viajado a Hunt, un pueblo en el sur de Texas, para suceder el festivo del 4 de julio con sus abuelos y se quedó en una casa de la clan, a orillas del río Guadalupe.
Al ponerse de pie —dormía sobre un colchón inflable— notó que el suelo estaba cubierto de agua, que le llegaba hasta los talones. En cuestión de minutos, la casa que guardaba sus expresiones de infancia en clan quedó completamente inundada.
El mancebo de 25 abriles es uno de los sobrevivientes de las inundaciones que azotaron Texas el pasado fin de semana y que dejaron más de 100 muertos en la región y más de 160 desaparecidos.
Las fuertes precipitaciones hicieron que el río, que atraviesa varios pueblos en la región del Hill Country, a las arrabal de San Antonio, subiera 8 metros en 45 minutos, arrastrando a su paso árboles, autocaravanas, coches e incluso hogares enteros.
La alba del desastre, Fell se dio cuenta que la corriente se había llevado la terraza de madera en la parte trasera de la casa, donde su clan había celebrado incontables cumpleaños, cenas de Obra de Gracias y Navidades.
El río estaba entrando en la casa desde el suelo. Al rajar la puerta para intentar salir y huir en su camioneta, el agua salió a borbotones por la entrada. «Era como un pared titán; intenté cerrar la puerta pero no pude, la corriente era muy musculoso»relató el mancebo de 25 abriles a EFE.
Llamó al 911, el número de emergencias en EE.UU., y le recomendaron que se subiera a los muebles, pero ya era demasiado tarde. Sillas, sofás, mesas y su colchón inflable estaban ya flotando. Miró a su rodeando y vio su escape: una ventana.
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Nadó en torno a la que era su única salida en ese momento y se agarró a los tubos de metal que salen del contador de energía y están pegados a una de las paredes exteriores de la casa. Pasó tres horas ahí, aferrado a los tubos, con el agua hasta las rodillas, hasta que la corriente bajó y llegó la policía.
«No entendía muy proporcionadamente lo que estaba pasando, no lo podía creer. No sabía que iba a ocurrir una inundación y las alertas llegaron a mi teléfono cuando el agua ya se había metido a la casa», contó.
Las autoridades locales han sido cuestionadas por ciudadanos y expertos por no ocurrir metódico la desalojo de las zonas cercanas al río, pese a las intensas lluvias y a las alertas emitidas por el Servicio Meteorológico Doméstico (NWS, en inglés).
Varios residentes consultados por EFE cuentan una historia similar a la de Fell: recibieron las alertas muy tarde o no las vieron hasta que se despertaron abruptamente cuando la inundación ya era inminente.

La casa de la clan de Fell -afincada en Hunt desde 1938- sigue parcialmente en pie. Pero el interior, varias de las paredes y un parking techado en el ala izquierda de la propiedad están destrozados.
Los muebles y utensilios que se salvaron, un gavetero, una arnés, algunas ollas, están colocadas como si fuera un extraño museo, cubiertas en lodo y aún húmedas.
Desde el domingo en la tarde, familiares, amigos y voluntarios han estado ayudando a acicalar, organizar lo que quedó y retirar los escombros que la corriente arrastró en torno a el parking y los alrededores de la propiedad.
El viejo de Fell, Larry Grahamobservó como una retroexcavadora removía el lodo y los pedazos de árboles: «No existen los extraños cuando poco así pasa, todos nos convertimos en vecinos».






