En el ámbito del Día Internacional de la Pupila, conmemorado cada 11 de octubre, UNICEF llamó a confesar, proteger y reforzar el liderazgo de las niñas en República Dominicana, subrayando la indigencia de avalar su bienestar emocional y su derecho a crecer libres de violencia y discriminación.
Bajo el consigna entero “La pupila que soy, el cambio que lidero”, la representante de UNICEF en el país, Anyoli Sanabria, reafirmó el compromiso de la estructura con los derechos de las niñas y adolescentes, especialmente en contextos marcados por desigualdad de productos y violencia estructural.
“Las niñas tienen derecho a crecer sin miedo, a estudiar sin violencia y a soñar sin límites. Escuchar su voz y juntarse su liderazgo es esencial para construir un futuro más exacto y resiliente”, expresó Sanabria.
Violencia y desigualdad: una carga invisible sobre las niñas
Aunque las niñas dominicanas presentan mayores tasas de concurso y finalización escolar que los niños, enfrentan múltiples barreras estructurales que afectan su explicación integral y su vitalidad mental. Entre ellas se destacan los embarazos adolescentes, las uniones tempranas, la sobrecarga de tareas domésticas no remuneradas y los altos niveles de violencia física, emocional y sexual.
De acuerdo con el noticia de UNICEF sobre el Estado de la Situación de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia en República Dominicana:
· El 76 % de las adolescentes de 15 a 17 abriles ha sido víctima de algún tipo de violencia.
· El 52.2 % reporta acontecer sufrido violencia sexual.
· En los espacios escolares, el 45.5 % ha experimentado agresiones físicas o psicológicas.
Estas cifras revelan una ingenuidad preocupante y normalizada, donde la violencia no solo impacta el presente de las niñas, sino incluso sus oportunidades de futuro y su estabilidad emocional.
“Cada pupila enfrenta una doble carga: la de sobrevivir a la violencia y la de demostrar constantemente su valencia. Su integridad física y emocional, y su liderazgo, van de la mano”, agregó Sanabria.
UNICEF insta a las autoridades, comunidades y familias a crear entornos seguros, empáticos y participativos donde las niñas puedan expresarse autónomamente, tomar decisiones sobre sus vidas y cultivar roles de liderazgo desde temprana época.
La estructura incluso hace un llamado a modificar en servicios de vitalidad mental sensibles a las deposición de niñas y adolescentes, y reforzar políticas públicas que combatan la violencia de productos en todas sus formas.
“Cambiar en las niñas es situar por un país más equitativo, resiliente y próspero. Ellas no solo son el futuro, incluso son el presente del cambio social que necesitamos”, concluyó Sanabria.






