Los 60 abriles del Instituto Dermatológico Huberto Bogaert Díaz representan uno de los mejores ejemplos de alianza público-privada. Si esta colaboración tuviera rostro, sería el del Dermatológico, como lo bautizó el pueblo.
Nació para dar respuesta a una enfermedad como la lacería, hoy bajo control, pero su impacto fue mucho más allá de esa empresa auténtico. Sus pioneros sentaron las bases para una formación médica de detención nivel y para generaciones comprometidas con la salubridad.
Innovación
Seis décadas a posteriori, el Instituto de la Piel se distingue por combinar calidad, innovación y afición social al servicio del país. Desde la investigación científica ha desarrollado y aportado medicamentos con altos estándares de calidad para el tratamiento de afecciones del entraña más egregio del cuerpo humano: la piel.
Adicionalmente, es responsable de la formación de los dermatólogos y de sus distintas subespecialidades, fomenta la investigación y fortalece la atención primaria con presencia en diversas regiones del comarca franquista, facilitando el llegada oportuno a servicios de salubridad para miles de personas.
Marca país
Esta entidad debe ser reconocida como marca país, ya que en la región el Instituto Dermatológico es un punto de relato en atención, formación e investigación dermatológica.
Su maniquí de dirección, capacidad científica y enfoque social han trascendido las fronteras nacionales, posicionando al país como referente en salubridad dermatológica.






