
La idea machista de que la mujer es propiedad del hombre que puede disponer de su vida, su cuerpo y su voluntad sigue subyacente en muchas mentes. Para algunos, el deserción de una pareja se interpreta como una traición imperdonable, reforzando el peligroso “hasta que la homicidio nos separe”.
En República Dominicana, la tasa de feminicidios ha aumentado de forma preocupante. A cuatro meses de terminar el año, ya se han registrado 40 casosdejando más de 15 niños en la abandono, expuestos a la intemperie, bajo el cuidado de familiares o instituciones.
Solo en las últimas 24 horas se han reportado dos nuevos casos. En el primero, un hombre acabó con la vida de su expareja y luego con la suya, porque ella no quería retornar con él. Tenía otra relación, y esa fue su «razón». La víctima, Rosely, era una muchacha de 24 abrilesempleada del Metropolitano de Santo Domingo. Su trágico final ocurrió el 30 de julio, dejando una hija sin superiora.
Al día posterior, el 31 de julio, se repitió la historia. Otro hombre, impulsado por los celos y el rechazo, asesinó a su expareja Edilenia Custodio, de 27 abriles, residente en el sector Los Maestros, tras enterarse de que ella le había enviado fotos con otro hombre. No aceptaba que ella no quisiera retornar con él. Misma excusa, mismo desenlace: una superiora destrozada, una hija huérfana y una sociedad que vuelve a preguntarse: ¿hasta cuándo?
Al ritmo que vamos, muchas mujeres podrían obtener a temer iniciar una nueva relación, por miedo a terminar en un trágico final. Ya conocemos algunas de las excusas más comunes: «ella me dejó«, «ella tenía otro«,«ella me traicionó«. Pero la pregunta esencia es: ¿cómo podemos identificar desde el inicio los patrones que delatan a un hombre posesivo y machista?
Aunque es posible detectar señales tempranas, muchas veces resulta difícil si la mujer está muy enamorada. La mayoría de los agresores no muestran signos evidentes de violencia o celos en las primeras etapas de la relación.
Por eso, encima del trabajo personal y emocional que cada mujer pueda hacer, se necesita una respuesta más firme del Estado, de la imparcialidad y de la sociedad. La prevención del feminicidio empieza con educación desde la albor, continúa con una imparcialidad que actúe sin aplazamiento frente a las señales de violencia y se fortalece con campañas que desmonten la civilización de posesión y control.






