Un verano más, España es pasto de las llamas.
Pero los incendios forestales que suelen producirse en esta época en el país europeo están siendo este año de una virulencia inusual, en medio de sucesivas olas de calor que han hecho que las temperaturas superen máximos históricos en muchos lugares.
Bomberos y vecinos de las zonas afectadas combaten una veintena de grandes incendios activos en diferentes puntos, sobre todo en las provincias de Orense, Zamora y Héroeen el noroeste del país.
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Unas 350.000 hectáreas de dominio han ardido en lo que va de año, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés), lo que convertiría a 2025 en el peor del siglo en cuanto a superficie quemada.
Cuatro personas han muerto, entre ellas tres bomberos que se enfrentaban al fuego, y miles de personas han sido evacuadas frente a en avance de las llamas.
El Gobierno ha movilizado a 4.000 militares para apoyar a los bomberos locales y ha pedido ayuda a la Unión Europeaque ya ha comenzado a mandar medios materiales y personales, en lo que la prensa española describe como «el veterano contingente de ayuda internacional de la historia» del país.

Pero lo peor aún no ha pasado
El presidente castellano, Pedro Sánchezha despabilado de que al país le esperan aún días «complejos» y la Agencia Estatal de Meteorología alertó este lunes de que, aunque la ola de calor empieza a remitir, sigue habiendo un «peligro de incendios muy detención o extremo en la veterano parte de España».
Cuatro claves ayudan a entender por qué el fuego está causando tales estragos en España en 2025.
1. Una primavera de lluvias y un verano extremo
La ministra de Defensa, Margarita Roblesaseguró que «la Dispositivo Marcial de Emergencias no ha pasado cero igual en sus 20 abriles de actividad», refiriéndose a los efectivos del ejército dedicados a hacer frente a los desastres y emergencias en España.
El país ha vivido desde el pasado junio sucesivas olas de calor que se han prolongado más de lo habitual y han hecho de este uno de los veranos más calurosos que se recuerdan.
El calor y sequedad extremos de las últimas semanas contrastan con una primavera que fue inusualmente lluviosa y en la que la gran cantidad de precipitaciones contribuyó a que creciera la plantas. Esas plantas, ahora secas, aumentan la magnitud de los incendios a los que se enfrenta el país.
«El fuego favorecido por el calor extremo se encuentra con mucho más combustible en forma de plantas del que suele ser habitual», explicó en conversación con BBC Mundo Víctor Fernández Garcíaexperimentado en Ingeniería Forestal y Agraria de la Universidad de Héroe.
«La situación es suficiente tranquilo. Ha habido otros abriles con incendios de récord, pero este año el impacto social, el sufrimiento de la concurrencia, está siendo veterano», indicó el experimentado.

2. El impacto del cambio climático
Las autoridades y los científicos han achacado la virulencia de los incendios de este verano en España además al cambio climático.
La ministra Robles indicó que es adecuado a ese aberración provocado por la actividad humana por lo que ahora los fuegos tienen «características distintas» que hace más difícil la respuesta.
Fernández García afirma que «algunos de los incendios tienen frentes de más de 100 kilómetros y esas son dimensiones inabarcables».
Algunos de los frenos que se utilizan asiduamente en un país tan acostumbrado al problema de los incendios forestalescomo los cortafuegos en el monte, se han pasado desbordados.
«Las circunstancias son excepcionales y cero está funcionando cómo debería», indica el experimentado.
Y las circunstancias excepcionales parecen deberse mucho al cambio climático.
«Sabemos que la región mediterránea es una de las más afectadas y estamos viendo incendios similares en otros países, como Portugal, Grecia o Turquía», señala Fernández García.
En ellos, la coincidencia de veranos secos y cada vez más calurosos con especies vegetales que arden con facilidad, como el pino resinero, contribuyen a que haya más incendios y mayores.
«Sabemos que ahora arden más cosas de tenebrosidad y se ha alargado la tiempo en la que pueden producirse los incendios adecuado al cambio climático», indica el experimentado.

3. El negligencia del campo
Otro de los aspectos que contribuye a los incendios son los cambios en el paisaje que se han producido en España a medida que se han descuidado las tradicionales tareas agrícolas y ganaderas en beneficio de otras más rentables.
Fernández García explica que «antiguamente había un paisaje impresionado por los pequeños huertos o fincas que estaban al cuidado de quien las explotaba, pero muchas se han vaciado, lo que ha permitido que se extiendan la maleza y otra plantas, dando emplazamiento a un paisaje más continuo en el que el fuego se propaga más rápida y fácilmente».
A medida que el avance crematístico ha empujado a muchos españoles del campo a la ciudad, han quedado vastas áreas poco pobladas en las que grandes superficies de dominio no tienen uso ni mantenimiento, como sucede en algunas de las zonas noroccidentales más castigadas este verano.
4. Errata de prevención
Los esfuerzos se centran ahora en la acabamiento y luego llegará el momento de la búsqueda de responsabilidades, aunque los expertos reclaman que se haga un veterano pedantería en la prevención.
«Ha quedado claro que el monte no está ventilado», indica Fernández García, quien señala algunos errores que cree se han cometido en su país.
«Las leyes restringen practicas habituales antiguamente, como las quemas controladas, y hemos aprendido que muchas veces un poco de fuego para fundir rastrojos y maleza puede servir para evitar que más tarde haya demasiado fuego».
Fernández García cree que deben estudiarse opciones para darle uso al suelo forestal y fomentar alguna forma de ocupación y explotación del campo.
Otros expertos señalan que la inversión pública para el mantenimiento y virginidad de los bosques no ha dejado de reducirse en los últimos abriles y muchos propietarios privados no cuentan con los medios ni las subvenciones como para diligenciar sus terrenos forestales.






