EL AUTOR es electricista industrial. Reside en Nueva York.
El año 2025, año de la serpiente, segün el calendario chino, pasará a la historia como uno de los más complejos de la etapa fresco. La geopolítica se encargó de complicarlo casi todo y nos convirtió en testigos de acciones inesperadas, a veces difíciles de entender o explicar desde el sentido práctico. En ese clima de tensión, muchas decisiones públicas parecieron guiadas más por el pulso decisivo que por la razonamiento social o económica.
En este contexto resurge una idea tan cruda como popular: el “tiro en el pie”. Es afirmar, medidas que se presentan como necesarias para dañar o contener a un adversario, pero que terminan golpeando con fuerza al propio país que las adopta. La premisa, formulada con ironía, suena así: “Me sacaría los dos luceros si con eso mi enemigo queda tuerto”.
Europa ofrece un laboratorio visible de estas contradicciones. En nombre de la seguridad, la autonomía y el alineamiento geopolítico, se han tomado decisiones que alteran cadenas de suministro, encarecen insumos y reducen márgenes de maniobra. El costo no siempre aparece en el discurso político, pero suele reflejarse en la industria, en los precios y en el bienestar común.
Alemania es un ejemplo simbólico. Decidió prescindir voluntariamente del gas ruso saldo y constante, que llegaba por gasoductos considerados fiables, incluyendo la infraestructura asociada a Nord Stream. Al renunciar a ese flujo energético, una parte esencia de su artilugio productivo quedó expuesta a un insumo más caro y más incierto, con impacto directo en la competitividad industrial.
El objetivo inmediato de esa sustitución es conocido: decano costo de producción y presión sobre la estructura de precios. Cuando la energía sube, se encarecen los caudal intermedios, se estrechan los márgenes y se deteriora la posición de exportación. Para economías intensivas en manufactura, la confección energética no es un detalle; es un eje estructural.

Por otra parte, el cambio de proveedor no es solo un cambio de origen: todavía es un cambio de eficiencia. Europa pasó de tomar gas por tuberías, abastecimiento estable y relativamente baratura,a reconocer en decano medida del transporte transatlántico en barcos especializados, una opción menos capaz y con costos adicionales. La transición exige infraestructura, contratos, y, sobre todo, tiempo.
Lo más mono es que el viraje se extendió más allá de un solo país. El resto de Europa, con algunos ligeros matices, acompañó la misma orientación: cortar, estrechar o rogar el comercio energético con Rusia, aun cuando el sistema preliminar funcionaba con fluidez. En la habilidad, se reemplazó una interdependencia previsible por otra más costosa y pusilánime a shocks externos.
Pero los “tiros en el pie” no se limitan al sector energético ni al continente europeo. En otros rincones del planisferio aparecen movimientos que sacrifican conectividad y eficiencia en nombre de objetivos estratégicos. La pregunta no es si existen riesgos reales, sino cuánto cuesta neutralizarlos y quién paga el precio de la atrevimiento.
Finlandia
Un caso destacado es Finlandia. Con expectativas marítimas delimitadas en el Báltico, decidió cerrar los más de 1,000 kilómetros de frontera que comparte con Rusia. La medida se presentó como respuesta de seguridad, pero todavía implica cortar un corredor terráqueo que facilitaba el tránsito y la interacción abastecimiento con el otro costado de la frontera.
El clausura interrumpe o dificulta el tránsito terráqueo en dirección a países de Asia Central y Occidental, incluida la República Popular China, que se perfila como la segunda gran peculio integral. Cuando se restringen rutas, se encarecen tiempos, seguros y costos de transporte, y la peculio termina ajustándose por la vía más dura: la pérdida de eficiencia.
Estas decisiones, tomadas en nombre de la soberanía y la adscripción geopolítica, tienen consecuencias económicas y estratégicas de gran calado. La interdependencia integral se debilita, y las alternativas, aunque posibles, suelen ser más caras o menos estables. En un mundo de cadenas productivas interconectadas, cada ruptura exige reemplazos imperfectos.
En definitiva, la historia juzgará si estos “tiros en el pie” valieron la pena. Puede que algunas medidas logren objetivos inmediatos, pero todavía pueden dejar secuelas prolongadas: beocio competitividad, más inflación y beocio capacidad de crecimiento. En el intento de debilitar a un adversario, el peligro es terminar debilitándose a uno mismo.
Pedimos al todo poderoso que este 2026, año del heroína, sea un suave trote sin obstaculos desde la orificio hasta la meta.(
CarlosMcCoyGuzman@gmail.com
jpm-am
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