“Más sabe el diablo por envejecido que por diablo”. Es una expresión para significar que con el paso del tiempo nos volvemos más sabios.
La verdad que vivimos es que el hombre o mujer, de 70 o más abriles puede iniciar un nuevo año con esperanza y proyectos porque el mundo ha cambiado y nuestra años cronológica incluso unida a nuestra años biológica puede ser mucho último.
Y, porque por otra parte sabemos que, para el año 2050que está al doblar de la cantón, más del 50 % de la población mundial tendrá 60 abriles o más con 3,200 millones de personas en este congregación de años.
Al dejar antes la pubertad pueden aparecer dolencias y limitaciones que hoy son fácilmente tratables para comportarse una vejez mucho más útil y productiva.
Envejecientes dirigirán el mundo
Con las vacunas que evitan tantas enfermedades, la terapia génica para el tratamiento de enfermedades que pasarán de catastróficas a evitables, con una mantenimiento y comestibles científicamente aplicadas y con matrimonios con uno o ningún chaval, las proyecciones son que en pocos abriles una población de longevo años va a dirigir el mundo.
Con los abriles, podemos escribir las cosas que en la pubertad no tuvimos tiempo de escribirdejamos de aseverar muchas de las cosas que decíamos y aprendemos a aseverar lo que callábamosa disfrutamos el concierto que no supimos valorar, podemos ver el amanecer y el atardecer que la velocidad de la vida nos impidió ver.
Valoramos a las personas, las plantas, los animales, la vida que nos rodea y aprendemos a Galantear y defender el planeta que habitamos.
La pubertadesa etapa de nuestra existencia con tantos proyectos que no llegamos a realizar, con el tiempo se transforma en una vida más plena en la que aprendemos a dictaminar con objetividad y honradez y la certeza de asimilar que el tiempo se encarga de dar a cada quien lo que se merece.
Para concluir, el mensaje que quiero dejar al iniciar el año 2026 es que nos reconciliemos con el tiempo. Que dejemos de comportarse la civilización de solo celebrar lo nuevo y denigrar lo envejecido, como si comportarse más más tiempo fuera un castigo y no un privilegio.






